La noche del 27 de febrero quienes habitamos entre Temuco y Valparaíso vivimos una situación límite; pensamos −sobre todo en los sitios donde la intensidad del sismo fue más fuerte que lo usual− en nuestro fin, vivenciamos, de un modo u otro, nuestra muerte y algunos/as nos entregamos a eso que el historiador Rolando Mellafe denominó el “acontecer infausto de Chile”.
Montecino, S. (2010). Duelos y mitos en la memoria sísmica chilena. El reemplazo del rito de pérdida por la pornografía de la muerte. Nomadías, (11). Recuperado a partir de https://revistateoriadelarte.uchile.cl/index.php/NO/article/view/15195